El desarrollo de una encuesta: aspectos metodológicos y procedimentales

RESUMEN

La encuesta es probablemente en la actualidad una de las técnicas investigativas más utilizadas y más recurridas en distintos campos de las Ciencias Sociales, pero al mismo tiempo, uno de los procedimientos metodológicos más complejos y exigentes en orden  a obtener resultados compatibles con las exigencias de la ciencia.

En la construcción del conocimiento científico tiene lugar un proceso dialéctico en que se va desde la teoría a la práctica y desde la práctica a la teoría, en una circularidad que apunta a enriquecer el saber, a partir de un conocimiento más preciso y verificable de la realidad.

Toda investigción aplicada en ciencias sociales es a la vez, un punto de partida y un punto de llegada, donde se encuentran y se confrontan los conocimientos adquiridos anteriores que la ciencia ya posee como hallazgos, y los conocimientos posibles que resultarán de la investigación.

Este ensayo presenta una descripción general de la secuencia de pasos metodológicos y procedimentales para el diseño e implementación de una encuesta en Ciencias Sociales.

PALABRAS CLAVES: Metodología de la investigación. Técnica de la encuesta.  Muestreo. Ciencias Sociales.  Hipotesis.  Estrategia de Campo. Instrumento de recolección de datos.  Tecnicas de investigación.

INTRODUCCIÓN

Cuando el investigador (experimentado o novato), emprende la aplicación de una encuesta sobre un objeto de estudio, debe reunir en torno suyo un conjunto de datos y de conceptos, que le permitan construir un objeto de investigación y, a partir de una hipótesis de trabajo, construir un conjunto coherente de procedimientos que aseguren la máxima objetividad posible en el diseño de la muestra, de la técnica de recolección y de la implementación misma de  la recolección de los datos.

No es exagerado afirmar que un error ocurrido en algunos de los pasos de la secuencia señalada más adelante, puede tener como efecto, la distorsión parcial o total del proceso de investigación, y resultando como consecuencia, la invalidación de la calidad  de los resultados obtenidos.

Una muestra mal construida, un cuestionario mal redactado, un universo mal delimitado, una estrategia de campo insuficiente, una aplicación azarosa y una recolección mal efectuada, resultará que los datos obtenidos no se correspondan con las exigencias de la investigación o con los parámetros de la hipótesis, generando distorsiones de mayor o menor impacto sobre la validez, pertinencia o fidelidad de los resultados obtenidos.

En el proceso secuencial de la investigación social aplicada, la validez de cada una de las etapas y operaciones del proceso está intimamente asociada a la validez las etapas anteriores y a los pasos siguientes, en una interdependencia estrecha, dando orígen así a un encadenamiento lógico y metodológico de todo el proceso investigativo.

A su vez, dos ilusiones se mueren para siempre en las puertas de la Metodología de la Investigación: la ilusión de la facilidad y la ilusión de la neutralidad o de la objetividad total.  En ciencias humanas, en ciencias sociales, en Psicología, nada es fácil y nunca debemos olvidar que el investigador (ser humano implicado en la realidad social que investiga) tiene que tomar como objeto/sujetos de su investigación a seres humanos (ellos tambien en definitiva, seres humanos implicados en la realidad social que se investiga).

Entendemos que todas las investigaciones científicas, tienen en común que ellas obligan a plantearse una serie crítica de preguntas pertinentes en dirección de la búsqueda de un objeto de investigación; a definir y delimitar un problema, es decir a problematizar una dimensión de la realidad; a construir y emitir una hipótesis (es decir, una proposición de  respuesta tentativa a las preguntas  claves de la investigación); a proceder a recolectar un conjunto más o menos coherente de información (hechos, opiniones, actitudes, percepciones, eventos…) mediante una determinada técnica adecuada al objeto de investigación  y a construir respuestas  a las preguntas planteadas a partir de los hallazgos obtenidos.

La encuesta en particular, como secuencia de procedimientos, implica una correlación de elementos controlados y se aplica más bien a la observación, la explicación y al análisis.

EL PROBLEMA METODOLOGICO DE LA ENCUESTA

La encuesta, que en el lenguaje corriente significa “audición de testimonios”, alcanza en metodología de la investigación el sentido más amplio de recolección sistemática de información o de datos, desde un campo o sector determinado, a partir de una improbabilidad estadística y de una probabilidad matemática.  Hacemos encuesta sobre un numero determinados de individuos o muestra (posibilidad matematica) debido a que es imposible encuestar a todo el universo de individuos (imposibilidad estadística).

La práctica demuestra que la especificidad de la encuesta reside en el procedimiento de la investigación y no en el modo de observación de la realidad.

La encuesta se desarrolla siempre en terreno, es decir, está sometida a las exigencias de una estrategia de campo que debe tomar en consideración los factores aleatorios de la aplicación del IRD (instrumento de recolección de datos).

Podemos distinguir en general:

1º la fase preparatoria de la encuesta;

2º la fase de implementación; y

3º la fase de post-encuesta y análisis de los resultados.

1.  FASE PREPARATORIA DE LA ENCUESTA

La primera etapa de la investigación supone pasar desde un tema (es decir, desde un hecho o un factor que integra una problemática al interior de la realidad) a un problema (es decir a una situación compleja y determinada que requiere de una solución). No todos los temas son problemas, pero todos los problemas son temas.

La investigación es científica en tanto en cuanto problematiza la realidad y en la medida en que identifica y localiza un problema e intenta encontrar una explicación plausible.  Todo problema surge de una dificultad, que se origina a su vez, desde una o varias necesidades o carencias no resueltas.

El punto de partida de la reflexión es un tema, pero el punto de partida de la investigación científica es un problema o un conjunto de problemas.  A partir de la realidad surge un problema, el que está constituido siempre por un conjunto de factores. Luego, al delimitar el tema y el problema, determinamos su viabilidad, es decir, si disponemos del aparato crítico suficiente para abordar su investigación.

La delimitación del problema (tiempo/espacio, factores causales, factores concomitantes, hechos principales y secundarios, trayectoria, impacto y efectos) es un momento crucial del proceso investigativo.  Pero para la ciencia, el problema surge como objeto de la investigación científica, cuando detectamos que la ciencia, la teoria o una disciplina en particular carecen de una explicación suficiente al problema en cuestión, es decir, cuando se descubre una laguna teórica o las explicaciones anteriormente existentes, no responden a la nueva realidad que ese problema refleja.

Entonces para la ciencia y para las ciencias sociales en especial, un problema es una pregunta surgida de una observación más o menos estructurada y crítica de la realidad y que la investigación debiera responder.

Esta primera etapa supone los siguientes pasos metodológicos:

1.1.  Analisis bibliográfico y documental de los antecedentes del problema a investigar;

1.2.  Determinación de los objetivos de la investigación y de las preguntas críticas del proceso;

1.3.  Fijación del marco teórico y conceptual de referencia de la investigación;

1.4. Formulación de la hipótesis de la investigación;

1.5.  Identificación y delimitación del problema a investigar, sus variables e indicadores principales;

2.-  FASE DE IMPLEMENTACIÓN

Al tiempo que la etapa de diseño de la encuesta se basa principalmente en un conjunto de operaciones intelectuales, teóricas y conceptuales, la fase de implementación y de post-encuesta consiste en operaciones técnicas y procedimentales.

Se trata ahora de dar cuenta de pasos y procedimientos que tienen por finalidad operacionalizar las variables e indicadores a fin de obtener datos suficientes y pertinentes acerca del objeto de la investigación.

Las etapas de esta fase de implementación son las siguientes:

2.1.  Construcción de la muestra o muestreo, a partir de un determinado universo;

2.2.  Elaboración del instrumento de recolección de datos (IRD);

2.3.  Determinación de la estrategia de campo;

2.4.  Pre-test  o pre-encuesta del IRD;

2.5.  Validación del IRD;

2.6.  Aplicación del IRD en terreno.

3.-  FASE DE POST-ENCUESTA Y ANALISIS DE RESULTADOS.

3.1. Validación metodológica y de contenidos de los IRD aplicados en terrenos;

3.2.  Proceso de digitación y tabulación de los resultados;

3.3.  Tratamiento de los datos y hallazgos y análisis de los resultados.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Cook, T., Reichardt, C.: Métodos cualitativos y cuantitativos en investigación evaluativa. Madrid, 2005. Ed. Morata.

Grawitz, M.: Méthodes des Sciences Sociales. Paris, 1990.  Ed. Dalloz.

Chauchat, H.: L’enquete en Psycho-sociologie. Paris, 1985. Presses Universitaires de France.

Ortiz, F.: Diccionario de Metodología de la investigación científica. Mexico, 2004.  Ed. Limusa.

Tamayo, O.: El proceso de la investigación científica. Mexico, 2004.  Ed. Limusa.

Manuel Luis Rodríguez U.

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Aproximaciones al concepto de cultura

UNESCO, propone definir la cultura como que ésta da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo.

Desde esta perspectiva, la cultura puede ser entendida y comprendida como el cemento constitutivo y cohesionador de la condición humana y de la humanidad en su conjunto.

Es la cultura la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden.

La cultura contiene en un momento y espacio determinado al conjunto más o menos integrado de toda la obra humana (pasada y presente), material e inmaterial, simbólica e históricamente situada, asociada a un grupo humano, así como los valores, significados, conocimientos, aspiraciones, visiones de mundo y modos de leer y abordar la realidad, de que ese grupo es portador.

Esta definición permite subrayar la historicidad de la cultura, es decir, de su transmisibilidad a través del tiempo y del espacio geográfico, de manera que la herencia del pasado puede constituirse en un elemento más o menos cohesionador de la sociedad, en cuanto permite que cada generación resulte heredera de los logros, avances, retrocesos, conquistas y fracasos de las generaciones anteriores.  Más aún, la interculturalidad que se instala en la sociedad, desde el momento en que los individuos emigran, los conocimientos  se transmiten y los productos culturales se dispersan desde sus lugares de origen hacia otros territorios, permite que además de las culturas locales y nacionales, se construya a través del tiempo una cultura más o menos universal.

El proceso de elaboración de la empanada chilena, heredera de la empanada española, heredera a su vez de la empanada árabe, supone una serie de técnicas utilizadas sobre ciertos materiales (harina, sal, manteca, agua, huevo, carne, cebolla, aji, aceitunas) y cuya disposición secuencial permite pasar desde una masa elaborada a la construcción de un producto que será cocinado finalmente en el horno o frito.  A su vez, la empanada-producto es objeto de un micro- ritual doméstico y culinario que permite servirla acompañada de otros productos (vino, ají en pasta) en un determinado contexto social y cultural.

Existe por lo tanto, una  determinada simbología, un marco de significados yde  códigos asociados a este alimento, dámndole su condición de “producto cultural”.

Cada uno de estos elementos constituyen una expresión cultural específica.

Max Weber sugiere que el ser humano  es un animal suspendido en tramas de significación tejidas por él mismo, concepto que nos permite enriquecer la definición al incorporar la noción que el individuo humano se encuentra entrrecruzado en su experiencisa vital por numerosas formas de significación (contenidos culturales), dentro de los cuales discierne más o menos racionalmente aquellas que lo identifican y le dan coherencia a su existencia individual y social.

Manuel Luis Rodríguez U.

TEXTO PARA LECTURA EVALUADA – CLASE DEL MIERCOLES 14 DE ABRIL.

El contexto epocal de la modernidad: epoca de cambios y cambio de época

PRESENTACIÓN

Se denomina como transición a la modernidad a un movimiento de época, una tendencia profunda que a lo largo de una prolongada línea del tiempo, contiene el paso desde una cultura y una sociedad de rasgos tradicionales a una cultura y una sociedad de rasgos modernos.

En el caso de las sociedades latinoamericanas, la transición a la modernidad es un movimiento de época que se origina a mediados del siglo xx (entre las décadas de los años treinta y cuarenta) y que, presumiblemente, debiera prolongarse a lo largo de todo el siglo xxi.

LA MODERNIDAD COMO PARADIGMA

El concepto de transición a la modernidad, asume como premisa el paradigma que afirma que las sociedades históricas desarrollan una larga evolución en el tiempo que va desde una cultura tradicional hacia una cultura moderna y que esa transición se continúa con el paso desde una cultura moderna a una cultura postmoderna.

No se trata de cambios lineales ni automáticos y el paso desde un estadio de desarrollo a otro, tampoco se produce en forma contínua sino que generalmente a través de saltos, retrocesos y aceleraciones del tiempo histórico.

Este concepto macrosociológico asume además que los factores y condicionantes del cambio social varían en cada sociedad y que los agentes del cambio son generalmente elites, minorías avanzadas, segmentos reducidos de la población que integran los cambios en sus actitudes y conductas, induciendose a continuación un efecto multiplicador en el resto de la sociedad.

En la modernidad se asume que el porvenir reemplaza al pasado y racionaliza el juicio de la acción asociada a los hombres. La modernidad es la posibilidad política reflexiva de cambiar las reglas del juego de la vida social. La modernidad es también el conjunto de las condiciones históricas materiales que permiten pensar la emancipación conjunta de las tradiciones, las doctrinas o las ideologías heredadas, y no problematizadas por una cultura tradicional.

En términos generales la modernidad ha sido el resutlado de un vasto transcurso histórico, que presentó tanto elementos de continuidad como de ruptura; esto quiere decir que su formación y consolidación se realizaron a través de un complejo proceso que duró siglos e implicó tanto acumulación de conocimientos, técnicas, riquezas, medios de acción, como la irrupción de elementos nuevos: surgimiento de clases, de ideologías e instituciones que se gestaron, desarrollaron y fueron fortaleciéndose en medio de luchas y confrontaciones en el seno de la sociedad feudal.

Se trata de un proceso de carácter global -de una realidad y características distintas a las precedentes etapas históricas- en la que lo económico, lo social, lo político y lo cultural se interrelacionan, se interpenetran, avanzan a ritmos desiguales hasta terminar por configurar la moderna sociedad burguesa, el capitalismo y una nueva forma de organización política, el Estado-nación.
LA MODERNIDAD EN EL ESPACIO Y EN EL TIEMPO

La modernidad surge en los ahora llamados “países centrales” (Europa occidental y, más tarde, Estados Unidos); luego, con el tiempo, se expande hasta volverse mundial y establecer con los países llamados “periféricos” una relación de dominación, de explotación y de intercambio desigual, donde el centro desempeña el papel activo, impone el modo de producción capitalista  y destruye o integra (pero vaciándolas de su contenido y despojándolas de su significado) las estructuras precapitalistas autóctonas, agrarias y tradicionales.

Este proceso, que atraviesa por divesas etapas, desemboca en la actual generalización del mundo de la mercancía y en la consolidación de los Estados modernos.

En el caso de las sociedades latinoamericanas, se entiende que estas naciones ingresan desde mediados del siglo xx a una modernidad tardía y periférica.

Tres son -a lo menos- los movimientos de época que permiten caracterizar esta transición a la modernidad en las sociedades latinoamericanas: 1º  la transición demográfica; 2º  el cambio del patrón de referencia cultural; 3º el cambio de la matriz socio-política; y 4º la mundialización de los intercambios y flujos de información, de bienes y de personas.

CAMBIA LA MATRIZ POBLACIONAL DE LA SOCIEDAD

Entendemos como transición demográfica a un cambio profundo y prolongado en el tiempo, en la composición de la población de manera que se manifiesta en una lenta y gradual disminución del tamaño de la poblacion infantil y juvenil y, correlativamente, un lento y gradual incremento del segmento de la población constituído por los adultos y ancianos.

Ambos fenómenos se combinan en el tiempo para dar forma a un paulatino envejecimiento de la población.

Los factores societarios que influyen para producir este cambio demográfico son tanto el mejoramiento de las condiciones de salud de la población, el incremento de la esperanza de la vida de las personas, la disminución sostenida de la mortalidad infantil y el cambio de mentalidad de las mujeres, así como el impacto en el tiempo de las políticas de natalidad.


CAMBIA EL PATRON CULTURAL DE REFERENCIA

La sociedad y los individuos se vuelven individualistas, se rompen los lazos de solidaridad y se produce un retorno al individuo como referencia cultural e ideológica.

La modernidad reviste características tales que, sin lugar a dudas, representa una ruptura con respecto a las formas anteriores.

Las formaciones precapitalistas eran sociedades predominantemente agrarias, en las que prevalecía el valor de uso y la economía natural y los objetos producidos eran concretos y variados, concebidos para durar. El hecho de que se tratara de sociedades más bien cerradas, aisladas y con escasas comunicaciones facilitó la formación de culturas muy diversas. Las relaciones sociales eran personales, directas e inmediatas, lo que evidentemente no excluía la explotación y la sujeción, inherentes a toda sociedad estatal, pues se trataba de sociedades jerarquizadas, cuya base de legitimidad política y social era religiosa y el poder sacralizado y absoluto.

El advenimiento del capitalismo significa el momento de ruptura y negación, en el que se privilegia el valor de cambio (mercantil) en detrimento del valor de uso, y la uniformización homogeneizante en menoscabo de la diversidad cultural. Con él surge un cambio del eje de actividades, de sociedades fundamentalmente agrarias a sociedades urbanas; el producto elaborado, al transformarse en mercancía, adquiere una significación abstracta, al mismo tiempo que pierde su condición de objeto durable y variado.

Las relaciones sociales muestran una nueva opacidad debido a la aparición de intermediaciones (desde la mercancía hasta el Estado) que tienden a adquirir una existencia autónoma y en consecuencia a fetichizarse, generando una enajenación económica y política. La base de legitimidad socio-política se fundamenta en la racionalidad; el poder condensado en el Estado se vuelve impersonal y está definido por instituciones y constituciones. De lo concreto se pasa a lo abstracto; de lo transparente a lo opaco; de lo inmediato a lo mediato; de lo diferente y variado a lo homogéneo.

Entramos en el reino del consumo y de la alienación, del exito personal asociado a la tenencia y ostentación de bienes asociados al status y al prestigio del poder económico.  Se produce un deterioro de la conciencia social y cívica anterior y se quiebran la cohesión de las organizaciones y los movimientos sociales masivos, para dar paso a la sociabilidad de los pequeños grupos, de las redes virtuales y de las familias.

Al mismo tiempo, los individuos se refugian en sus identidades y sentidos de pertenencia (A. Maalouf: Les identités muertrières) para precaverse de las tendencias uniformizadoras de la cultura global y para responder al conflicto civilizacional con visiones integradoras y de síntesis (brassage) de imagenes y de culturas.  Es el retorno cultural al terruño, a las raíces, a la comuna, a la región, a la localidad, a la provincia, pero conforme a contenidos y significados surgidos desde las propias identidades locales y no desde los centros comunicacionales externos.


CAMBIA LA MATRIZ SOCIO-POLÍTICA

A su vez asistimos a un cambio en la matriz socio-política, es decir, a una mutación profunda en la forma cómo el Estado se articula con la nación, cómo se realiza la función pública y el servicio público, en el marco de un cambio del propio concepto de Estado en sociedades que se globalizan, en democracias que se amplían y se profundizan, en culturas e identidades que se reafirman en sus demandas y aspiraciones.

En los próximos decenios del siglo XXI, se abre una época de redefiniciones profundas de la función pública y de la gestión pública.

Esta dejará de ser solamente un mercado competitivo de acción pública y de gerenciamiento de los recursos fiscales,  que se enfrenta a las empresas y los proveedores privados o se asocia con éstos en términos dependientes, para convertirse en un servicio de excelencia y de vocación profesional volcado a la satisfacción de las necesidades de los ciudadanos, interesado en la participación de la sociedad civil y el protagonismo de los ciudadanos y sus organizaciones, abierto a la información y  la interlocución con los beneficiarios de las políticas y los programas.

El referente del Estado y de los servicios públicos no pueden seguir siendo las empresas, sino que será la propia calidad, prontitud y contenido social de sus políticas y programas.

Es posible repensar la función pública y la gestión pública a partir -entre otros- del concepto de “calidad social”, para referirnos a “una condición cualitativa compleja del servicio público y de los bienes y servicios que provee, conforme a criterios y parámetros de satisfacción máxima posible, de percepción ciudadana positiva de la respuesta pública y de resolución competente de las demandas y necesidades de los individuos y los grupos”.

Será necesario repensar la noción de eficiencia de la gestión pública, pasando desde un enfoque principista que se centra en la calidad del gasto, en los procesos de implementación, en las exigencias de accountability, para pasar a un concepto y a un enfoque finalista de “eficiencia satisfactoria” o de “eficiencia como experiencia ciudadana”, según el cual “la eficiencia de los servicios, bienes y productos del Estado se mide también -y sobre todo- en términos de parámetros de percepción de satisfacción por parte de los usuarios y beneficiarios finales, entendidos como ciudadanos asociados y movidos por aspiraciones y necesidades y que se adscriben a una cultura, una identidad, una condición social y un territorio de pertenencia”

La lógica de los presupuestos participativos y de las consultas ciudadanas pudiera extenderse hacia diversos segmentos del aparato estatal.  A la desestatización y privatización de los años pasados, se vendrá ciertamente una re-estatización y una ciudadanización de las funciones públicas.

Las naciones y los ciudadanos se vuelven cada vez más individualistas y exigentes frente a un servicio público que se complejiza y se moderniza.

La función pública tiende a hacerse cada vez más profesional, más tecnificada, con crecientes grados de incorporación de las nuevas TICs en la gestión pública, al mismo tiempo que la exigencia ciudadana de transparencia y participación se vuelve mas acuciante.

Manuel Luis Rodríguez U.