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Deber, lealtad, justicia y libertad: algunos fundamentos de Etica profesional

INTRODUCCION GENERAL

La Etica se nos presenta hoy, como una necesidad acuciante.

Todos los discursos y todas las retóricas, hoy pretenden revestirse de ropajes morales, cuando no moralizantes. Hoy día todos se ocupan y se preocupan de la moral, sobre todo cuando la corrupción aparece a flote en la superficie de la sociedad. Por lo tanto, el tópico de la moral ocupa el interés de los hombres públicos, los empresarios privados y de los artistas, de los religiosos y los laicos, de los creyentes y los no-creyentes, y al mismo tiempo, aparece en filigrana, en la actualidad de la opinión pública.

Los intelectuales también tienen una palabra que decir al respecto.

Este ensayo constituye precisamente una contribución intelectual dirigida a aportar una visión de la problemática ética, desde el punto de partida de cuatro principios y valores: la libertad, el deber, la lealtad y la justicia.  No se trata de una re-escritura de la moral tradicional, sino de una aventura del pensamiento para buscar nuevos horizontes éticos, pensando más en el futuro que en el pasado.

Quienes suscriben las distintas versiones de una moral tradicional e incluso de una moralidad tradicionalista, se apresuran a anunciar la crisis moral de la sociedad, mientras que los epígonos de la modernidad, declaran el triunfo de la moral individual y utilitaria de la que ésta es portadora.

Del mismo modo como la modernidad parece instalarse como una corriente profunda que atraviesa los propios basamentos de la sociedad, así también la ética tradicional ve conmovida sus bases y se enfrenta a interrogantes inéditas.

La modernidad está llegando y parece que va a quedarse entre nosotros.  Pero, ¿qué modernidad estamos edificando?

No es que los valores tradicionales estén en crisis.   Probablemente muchos de los valores que dieron forma a la sociedad tradicional que estamos dejando atrás lentamente, perdurarán en la conciencia moral de las personas.

Lo que sucede es que –en este inicio del siglo XXI- estamos asistiendo a una profunda transformación cultural y societaria.

Somos al mismo tiempo los protagonistas y espectadores de un cambio de época, que junto con dejar atrás las formas tradicionales de pensar, de comportarse y de actuar, se abre a las posibilidades infinitas de una nueva cultura globalizada, abierta, plural, libertaria, plena de dignidad y humanista, o posiblemente estamos entrando en una segunda edad media, caracterizada por el predominio de lo chabacano, lo efímero, lo superficial, por los pensamientos únicos, en síntesis, por la fotocopia del pensamiento original…

La modernidad ha sido portadora de tres principios indisolublemente ligados entre sí: el individuo, la razón y la libertad.

En la modernidad, la razón ha sido definida y asumida como el fundamento intelectual del pensamiento y de la acción.

La razón moderna se sustenta en un individuo que nace libre, y que por lo tanto, busca y lucha por su libertad, mientras construye la libertad del mundo en el que vive; un individuo que nace igual y que por lo tanto,  busca y construye la igualdad entre sus semejantes y con ellos.

Pero al querer hacer su libertad y su igualdad, el ser humano se confronta con las realidades complejas de la opresión y la desigualdad, de las tiranías y las injusticias.  Por eso, busca en su propia conciencia humana, la razón moral que le permita superar los obstáculos de su propia humanidad, de la propia realidad que ha construído y que lo domina.

Desde el punto de vista moral, la modernidad es un mundo de aspiraciones materiales nunca satisfechas; un orden basado en el caos y las desigualdades; un mundo de seres humanos libres y autónomos, pero profundamente solitarios y solos; una cultura de imágenes, de fantasías y de espectáculos virtuales, de héroes individuales y multitudes anónimas; una sociedad de actitudes superficiales, de búsquedas profundas y de satisfacciones efímeras, que proclama buscar grandes utopías y que realiza las peores barbaridades en nombre de ellas; un mundo de individuos libres y racionales, dominados por poderosas maquinarias burocráticas, impersonales y opresivas.

Frente a la moral moderna, este ensayo tiene por objeto sustentar el proyecto ético que afirma que es posible construir una ética de la libertad y la responsabilidad, de la lealtad y del deber: una ética humanista que centre los valores y la exigencia moral en el ser humano; que piense al ser humano desde las complejidades ineludibles de su realidad concreta y en dirección hacia la utopía de su realización plena; una ética que, reconociendo la diversidad cultural se base en la condición humana como referencia primordial y fundamental, para la reflexión moral.

El primer paso de la conciencia moral para liberarse de los obstáculos éticos de la modernidad, supone reconocer que el individuo ahora está solo consigo mismo, frente a la sociedad y a la Historia, frente a su pasado y sobre todo frente a la indeterminación de su futuro, y que en consecuencia, tiene que habérselas con formidables desafíos:

¿Cómo hacer realidad verdaderamente la libertad?

¿Cómo cumplir integral y fielmente con el deber?

¿Cómo ser leal, sin renunciar a los propios valores que le dan sentido a nuestras vidas?

¿ Cómo realizar la justicia, en un mundo dominado por las injusticias?

Este ensayo se propone examinar cuatro valores o principios éticos, desde la perspectiva de su crisis moderna y de su significación moral post-moderna: la libertad, el deber, la lealtad y la justicia.  Cada capítulo presenta en primer lugar, una presentación del problema ético implícito en cada valor, para examinar a continuación, sus aspectos históricos y conceptuales más relevantes.

Una amplia Bibliografía completa el trabajo, con las fuentes utilizadas para su elaboración.

EL DEBER COMO EXIGENCIA MORAL

En esta primera parte se pretende examinar el deber como exigencia moral.  Probablemente una de las mayores dificultades morales con las que se encuentra el ser humano, en su confrontación con la realidad actual en el mundo moderno, es el imperativo del deber.

En este capítulo se examina el problema moral del deber con especial referencia a las personas que desempeñan funciones como profesionales, es decir, al deber profesional.

EL PROBLEMA ETICO DEL DEBER

Para comprender los problemas éticos que serán evocados en esta parte del ensayo, es necesario identificar el momento histórico actual y situarse en la perspectiva global  del proceso de modernización al cual estamos asistiendo.

 Este es el contexto general que explica muchos de los fenómenos morales de la sociedad y la cultura actuales.

La transición hacia la modernidad.

Partimos de la hipótesis que afirma, que la sociedad chilena –así como las demás naciones latinoamericanas- se encuentran en medio de un prolongado proceso de modernización material y cultural, el que representa efectos e impactos variados sobre la vida económica, social, política y cultural de nuestra sociedad. Se trata de una prolongada etapa de transición desde una cultura tradicional (que predominó a lo largo de más de tres siglos de nuestra Historia) hacia una cultura caracterizada por ciertos rasgos modernos.

Esta es -acaso- la tendencia más profunda que se manifiesta en la sociedad chilena, iniciada desde la década de los sesenta del presente siglo y que abarcará –a lo menos- hasta mediados del siglo XXI.

La modernidad es un modo de civilización que se opone y supera a todas las culturas y civilizaciones anteriores, sobre la base de la innovación científica y tecnológica, del dominio de la razón y la primacía del individuo libre, consciente y autónomo.

“Lo moderno” se presenta a sí mismo como una forma racional y pura de autoconsciencia, un modo particular e histórico de vida y una experiencia vital.

La edad moderna se define a sí misma como el imperio de la Razón y de la racionalidad, de la lógica y de la consciencia, que habrían dejado en el pasado –o superado-  la religión, las supersticiones y creencias mágicas, así como las costumbres y modos de vida tradicionales.

Frente al consenso mágico, religioso y simbólico de la sociedad tradicional, la era moderna está marcada por un paradigma cultural y ético que subraya la emergencia y superioridad  del individuo, con su condición de consciencia autónoma, con su psicología alienada y atravesada por permanentes conflictos personales y de identidad, por su interés privado frecuentemente situado por encima del interés general, sujeto que está cada vez más atado a complejas redes de comunicaciones, de organizaciones e instituciones que lo controlan y lo dominan, de manera que intenta buscar su identidad a través de objetos y signos.

La modernidad y en particular las tendencias profundas que llevan hacia ella, desde un punto de vista sociológico, funciona como un prolongado proceso de desestructuración o desarticulación de las relaciones sociales, creencias y valores tradicionales.   La sociedad que avanza a la modernidad, es una sociedad que atraviesa frecuentes crisis de todo orden, mientras se mantienen las viejas instituciones tradicionales que se resisten a desaparecer, y emergen las nuevas instituciones y valores modernos que no terminan de instalarse.

Este es el contenido esencial de la transición desde una cultura tradicional hacia una cultura con rasgos modernos, de manera que se producen a la vez, quiebres y rupturas con lo tradicional, y síntesis y amalgamas entre lo tradicional y lo moderno.

Las ideas motrices de la modernidad, son las ideas de ciencia, progreso y razón.

Desde un punto de vista axiológico, la transición a la modernidad supone necesariamente una serie de crisis valóricas, en la que los patrones morales tradicionales que regían la sociedad y la conducta de los individuos, resultan cuestionados, desacreditados y reemplazados gradualmente por nuevos paradigmas morales.

La sociedad al avanzar hacia la modernidad, deja  tras suyo ciertos valores y asume otros nuevos, transformando así lentamente su propio patrón moral de referencia.

Profesionalización y modernidad.

Uno de los rasgos más distintivos de la modernidad es la creciente profesionalización de las actividades y las tareas.  Es en la sociedad moderna que aparece y se instala, una cierta categoría social llamada de los profesionales.

Los profesionales, desde el punto de vista de la modernidad, son los portadores principales de la ciencia, del progreso y de la razón.

En estas condiciones asistimos a una creciente profesionalización, en el sentido de una incorporación gradual de individuos profesionales en los puestos, roles y jerarquías de responsabilidad en la Administración y en las empresas, en la vida social y política, y en el sentido de una mayor exigencia para que dichas funciones sean desempeñadas conforme a criterios y procedimientos científicos, los que sólo pueden ser asegurados por profesionales.

En tercer elemento hay que agregar aquí: para un importante segmento de los jóvenes en nuestra sociedad, uno de los ideales y el horizonte de aspiraciones más frecuente, es llegar a ser profesional, lo que refleja fuertemente, en qué medida la condición profesional es percibida como asociada a éxito personal, status social y recursos económicos y materiales suficientes.

La sociedad moderna es una sociedad cada vez más dominada, influída, gobernada y controlada por profesionales, y ésta realidad implica necesariamente, junto a un conjunto de derechos para ésta categoría especial de individuos, una serie de deberes, a los que nos referiremos en este texto.

¿Quienes son profesionales?

El tratamiento de “profesional” denota hoy prestigio.

El sentido común de las personas les hace decir que cuando alguien hace bien su trabajo, o realiza alguna obra con calidad, se trata de un profesional. 

El profesional hoy está rodeado de un aura de prestigio, de un clima de atención, respeto, admiración y valoración superior, aunque también los profesionales son más visibles en los medios de comunicación, lo que los deja también más expuestos y sensibles a la crítica.  

Desde una perspectiva sociológica, se define como profesional a una persona que después de una formación superior sistemática y reconocida, desempeña una actividad especializada sujeta a normas y convenciones particulares.

En síntesis, según ésta definición, dos son los rasgos distintivos que identifican a un profesional:

  1. que está dotado de ciertos conocimientos de nivel superior, y que han sido adquiridos a través de una formación también superior y/o universitaria; y
  1. que en virtud de éstos conocimientos, está en condiciones de ejercer una actividad especializada.

Esto quiere decir que no cualquier persona está facultada para recibir la denominación de profesional, sino en particular sólo aquella que ha recibido una formación educacional superior (y/o universitaria) impartida conforme a criterios académicos reconocidos, de manera que dichos conocimientos (de alto nivel, amplitud y profundidad) lo habilitan para realizar una actividad especializada.

La actividad de los profesionales en la sociedad moderna, a su vez, se encuentra sujeta a modalidades claras de control y vigilancia, mediante normas y procedimientos de carácter corporativo, de manera que su transgresión supone sanciones de diverso tipo.

Una condición esencial de la actividad profesional, y de su definición moral, es que siempre los profesionales son responsables desde el propio ejercicio de su profesión, por sus dichos, por sus actos y por sus omisiones.   Quién dice profesión, dice responsabilidad profesional, como se analizará más adelante.

Dadas entonces, las responsabilidades inherentes al ejercicio de una profesión,  cada profesión ha debido recurrir al expediente de formular un código ético, de manera de garantizar que los profesionales sujetos a dichas normas, lo adopten, lo respeten y sean sancionados en caso de transgresión.

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Educación ambiental, sustentabilidad y educación superior: retos y desafíos

El siguiente ensayo aborda los elementos de la educación ambiental e intercultural en las universidades, desde la perspectiva de instalar la problemática de la sustentabilidad del desarrollo en las aulas.

EDUCACION AMBIENTAL Y SUSTENTABILIDAD EN LA EDUCACION SUPERIOR

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Organizaciones sociales – Fundamentos sociológicos

El estudio sociológico de la organización social puede enfocarse desde dos perspectivas generales: una, que hace una lectura macro-sociológica, se refiere al conjunto de la organización de la sociedad y conduce hacia el estudio de los movimientos sociales; y la otra, hace una lectura micro-sociológica y se refiere al comportamiento, estructura y roles de las organizaciones sociales en relación con su entorno.

Lea y descargue aquí el apunte de clases completo:

ORGANIZACIONES SOCIALES FUNDAMENTOS SOCIOLÓGICOS

Los nuevos paradigmas del servicio público en el siglo XXI

Este ensayo, elaborado como esquema de clases y con fines de formación para la Dirección de Capacitación y Educación Contínua de la Universidad Santo Tomás, sede Punta Arenas, presenta una descripción general de los nuevos modelos y paradigmas de la gestión pública y un análisis de ciertas áreas críticas de la gestión de personal en los servicios públicos y organizaciones en general, tales como la mejora continua, las comunicaciones y el manejo de la información, la incorporación tecnológica al servicio público, el manejo de las relaciones humanas y el desarrollo de potencialidades de liderazgo y formación de equipos de trabajo en los servicios.

La cuestión central que preside este ensayo es la idea que asistimos a un proceso de cambios sociales y culturales de tal amplitud y envergadura, que estamos entrando a un tiempo en el que lo normal será la crisis y el cambio y lo “anormal” será la estabilidad.

Hemos llegado a un mundo desordenado, incierto e impredecible y a ese desorden e incertidumbre debemos acostumbrarnos.

Lea y descargue el ensayo aquí:

NUEVOS PARADIGMAS DEL SERVICIO PÚBLICO EN EL SIGLO XXI

Redes y multitudes inteligentes: la crisis de la comunicación moderna

La naturaleza del cambio al que asistimos como ciudadanos del planeta y habitantes de la historia contemporánea, contiene la paradoja con frecuencia insoportable que estando inmersos en los procesos de transformación no alcanzamos a dimensionar ni comprender la totalidad de las dimensiones del cambio, de su adherencia al tiempo y a la cotidianeidad y de su proyección en dirección a otros futuros.

Este ensayo reflexiona y se interroga sobre los impactos de los cambios tecnológicos y comunicacionales en curso en la sociedad contemporánea, con especial referencia a las diferencias generacionales y a los diversos saltos y brechas que se manifiestan en el plano de las relaciones sociales y del ejercicio de la comunicación.

Punta Arenas – Magallanes, invierno de 2010.

MULTITUDES SOLITARIAS

Según nuestro enfoque, las relaciones sociales e interpersonales son y pueden entenderse como una compleja e interminable construcción de forma y contenido comunicacional, como un constructo social en red que se mueve en el tiempo y se modifica en el espacio, en los distintos planos y tiempos en los que suceden, generando una malla interdependiente de intersecciones, sentidos, lenguajes, significados, identidades y lógicas de acción que le dan contenido a la vida humana. ([1])

El paradigma de Rheingold, abre posiblemente la perspectiva de comprensión de los nuevos tiempos en curso, pero parece también dejar cerradas las ventanas de la alternativa. ¿Estamos llegando a un punto de inflexión en que la comunicación humana, devenida forma tecnológica de intercambio de señales y bits entre dispositivos electrónico-tecnológicos, supera a la comunicación humana despojándola de su riqueza humana?

En el mundo semiabierto y semicerrado de las multitudes inteligentes de Rheingold sigue habiendo espacio para el individuo y su libertad, para el sujeto individual atravesado por el drama de su propia búsqueda y por la aventura de su propia identidad cuestionada.

En las cada vez más complejas mallas comunicacionales que le dan sentido y forma al mundo de hoy, parece que sigue habiendo lugar para esta tensión entre lo individual y lo relacional, entre el sujeto y su contexto, al punto que la historia continúa moviéndose en una interminable oscilación pendular entre lo social y lo individual, entre las múltiples coacciones sociales necesarias y las escasas libertades individuales restantes y posibles.

Siguiendo la metáfora de Marx, el ser humano inserto y desintegrado en el mundo comunicacional de hoy, sigue anclado casi sin escape en el reino de la necesidad y lejos todavía de alcanzar el reino de la libertad.

La proliferación de redes de comunicación, de interlocución y de intercambio de significados, sentidos, contenidos e imagenes al interior del espacio virtual expresa en el plano macro-social la diversidad de formas de comunicación que caracterizan al individuo moderno en una sociedad que cambia, expande y multiplica sus modos y plataformas de comunicación y dialogo.

Se abren así nuevas brechas adicionales a los abismos sociales ya existentes: la brecha entre nativos digitales y emigrantes digitales, la brecha entre los que producen el conocimiento y los que lo consumen, la brecha entre ricos digitales y pobres computacionales…

ALGUNAS PUERTAS DE ENTRADA: LA CRISIS DE LA RACIONALIDAD COMUNICATIVA MODERNA

Sustentamos la hipótesis que la actual tendencia a la incorporación tecnológica en los procesos comunicacionales da cuenta de una crisis de la racionalidad comunicativa moderna, al alterar las bases de sustentación de la comunicación humana, introduciendo modelos, lenguajes y significados que destruyen, relativizan y deterioran los modos de producción del saber (del logos) y de los intercambios comunicativos.

Asistimos a una crisis de la comunicación, entendida como un salto cualitativo, material y cuantitativo en el uso expansión e incidencia de las plataformas tecnológicas sobre los procesos comunicativos.

El nuevo paradigma ([2]) establece el predominio hegemónico de la razón tecnológica, como criterio de selección, de organización, de gestión y de funcionamiento de la economía y del orden social.

¿Estamos entrando en una sociedad dialógica, estamos ingresando a una época caracterizada por una cultura efectivamente del conocimiento y la información o asistimos a un cambio de paradigma que nos conduce hacia una gigantesca malla societaria de individuos solitarios, “solitarizados” por propia opción o solidarizados por la propia presión social del medio?

Ya en los años sesenta, Marcuse (ese intelectual maldito del que nadie quiere volver a hablar), había advertido que estábamos entrando en la era del hombre unidimensional y su crítica a la racionalidad tecnológica y a la lógica de dominación del capitalismo moderno, alcanzaba a las raíces de la dimensión comunicativa humana: “en la realidad social, a pesar de todos los cambios, la dominación del hombre por el hombre es todavía la continuidad histórica que vincula la razón pre-tecnológica con la tecnológica. Sin embargo, la sociedad que proyecta y realiza la transformación tecnológica de la naturaleza, altera la base de la dominación, reemplazando gradualmente la dependencia personal…por la dependencia al orden objetivo de las cosas… ([3])

Ya no dependemos solo de otros seres humanos, de otros poderes, ahora dependemos aún más de las máquinas y de los aparatos, convertidos en mediadores imprescindibles y casi ineludibles de la relación interpersonal y de la comunicación.

Ahora le hablamos a los aparatos y la comunicación ocurre entre máquinas.

Al modo de producción capitalista basado en la producción industrial de masas, se sucede un modo de producción inmaterial, un capitalismo globalizado y post-industrial basado en el uso intensivo de nuevos medios de producción de bienes y de símbolos, en el uso también intensivo de mano de obra deslocalizada y alienada, y en la construcción masiva y mercantilizada de redes de intercambio.

En este contexto, el diálogo entre las personas, entre personas racionales –esa dimensión constitutiva de la modernidad- está siendo gradualmente sustituido por el dialogo entre aparatos, entre dispositivos tecnológicos operando como mediadores comunicacionales de una comunicación que se despersonaliza. El diálogo dejó de ser dia-logos (dos logos, dos racionalidades…) para convertirse en una sinapsis virtual tecnologizada, en un clic virtual de instantaneidad ubícua, en una apropiación no-propietaria (luego, subordinada) de medios virtuales de relación, de estructuras argumentales y de significados que se imponen sobre los lenguajes pasados.

La comunicación dejó de ser comunicación, ahora se llama interconexión.

Al fetichismo de la mercancía que acusaba Marx en “El Capital” para el siglo xix ([4]) , se sucede el “fetichismo del ordenador”, la “alienación de la pantalla”, la tentación de lo instantáneo, la pasión por lo efímero, y la seducción por lo superficial. Al lento sedentarismo de los individuos hablantes, se sucede ahora el veloz nomadismo de los aparatos portátiles e interconectados.

En el presente, el sistema de “pensamiento único” –que es una de las formas contemporáneas de la ideología capitalista de la dominación- y la “crisis de la crítica” como forma de pensamiento, no hacen sino confirmar las anticipaciones de Marcuse. Hoy en cambio Zygmunt Bauman, anticipa sobre los miedos que laceran el ser social del presente ([5]), temores entre los cuales el miedo a la incomunicación, y el encierro mental al que nos aproximamos con frecuencia, no son más que manifestaciones de lo que podríamos llamar la crisis de la comunicación, en nuestra actualidad.

Es probable que no percibamos que detrás de la avalancha de tecnología comunicacional, de TICs que nos invaden y arrastran, virtualmente, asistimos a una crisis integral de la comunicación humana.

ALGUNAS PUERTAS DE SALIDA

Es posible incluso argumentar que en este cambio de época comunicacional y social, nos encaminamos hacia una nueva edad media del conocimiento y del saber, en que, por segunda vez en la historia de la sociedad occidental y de sus derivadas, el conocimiento y el saber aparentemente tan expandido y disponible en el presente, el conocimiento se convierte gradualmente en propiedad de una elite semiencerrada y semiexcluyente.

A los antiguos monjes copistas de los conventos de la Alta Edad Media, ocupados en seleccionar y repetir el saber guardado desde la Antigüedad clásica, se sustituirán en el futuro los monjes postmodernos de la tecnología virtual, los ingenieros de la informática impersonal, los operadores privilegiados de los sistemas dos punto cero, tres punto cero, cuatro punto cero…

El anterior “ratón de biblioteca” aparentemente desbordado por las grandes bibliotecas de papel y libro de los siglos XVIII y XIX, por las grandes enciclopedias y diccionarios del siglo XVII, está siendo sustituido por el ratón virtual, por el “ejercicio minúsculo del clic” como aparente puerta de salida hacia esos poderosos y fantasmales motores de búsqueda que se esfuerzan una y otra vez por intentar reemplazar el cerebro humano, último reducto del individuo apropiado de su razón.

¿Y si el cerebro humano fuera uno de los últimos espacios libres donde puede ocurrir la casi totalidad de la libertad y la aventura de la imaginación, de la búsqueda, de la duda, de la crítica, de la interrogación por querer saber y de la esperanza de saber?

¿Y si apago el computador, qué cambia allá afuera?

¿Y si me niego a formar partes de las redes sociales de internet, de todas las redes sociales de internet posibles, no caeré acaso en otra forma de encierro mental y de autonegación psicológica frente a un orden comunicacional del que puedo utilizar eficazmente sus herramientas sin adquirir su ideología?

¿Está en el mito de Rousseau del retorno a la naturaleza en estado puro, la respuesta a esta crisis de la comunicación entre humanos?

Más allá de la desconexión que propiciaba Samir Amin, podría ocurrir que la desconexión posible es la de la mano que controla el mouse… la desconexión del cerebro que controla la mano que controla el mouse … la desconexión de la conciencia racional que controla el cerebro que controla la mano que controla el mouse … y hasta podría ser posible –si tan solo fuera por instantes brillantes de contacto con la naturaleza y hasta con la naturaleza humana y lo que queda de ella- en que se ejercite la desconexión soberana del individuo, del ser humano libre que controla el cerebro que controla la conciencia que controla la mano que controla el mouse…

Manuel Luis Rodríguez U.

CITAS


[1] Bajoit, G.: Todo cambia. Análisis sociológico del cambio social y cultural en las sociedades contemporáneas. Santiago 2003. LOM Editores.

[2] Fischer, A.: Nuevos Paradigmas a comienzos del tercer milenio. Santiago, 2004. Colegio de Ingenieros de Chile. Edit. Aguilar.

[3] Marcuse, H.: El Hombre Unidimensional. Barcelona, 1970. Seix Barral, p. 171.

[4] Bidet, J.: Refundación del marxismo. Explicación y reconstrucción de El Capital. Santiago, 2004. Ediciones LOM. Bidet, J.: Refundación del marxismo. Explicación y reconstrucción de El Capital. Santiago, 2004. Ediciones LOM.

[5] Bauman, Z.: Miedo Líquido. La sociedad contemporánea y sus temores. B. Aires, 2007. Paidos.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

Breton, Ph., Proulx, S.: L’explosion de la communication: la naissance d’une nouvelle ideologie. Paris, 1993. Editions La Découverte.

Constantinou, C., Richamond, O., Watson, A: Cultures and Politics in Global Communication. N. York, 2006. Cambridge University Press.

Saouter, C., Maisonneuve, D.: Communication en temps de crise. Montreal, 1999. Presses de l’Université de Quebec.

Violencia y televisión: los juegos de la infancia

INTRODUCCIÓN Y PROBLEMATIZACIÓN

La observación preliminar de las prácticas lúdicas de niños y niñas en cualquiera de nuestros jardines infantiles y colegios básicos, nos debiera permitir dar cuenta de una combinación de variables y factores de análisis de una realidad social, cultural e intersubjetiva que está ocurriendo cotidianamente y que no ha sido suficientemente estudiada, a lo menos a escala regional.

Se trata de la violencia en los juegos infantiles, agresividad lúdica que pudiera reflejar otros condicionamientos socio-culturales como los estilos parentales, el ambiente familiar, el contexto escolar y, muy en particular, las influencias provenientes del consumo mediático y los patrones de conducta que los programas televisivos infantiles ofrecen (incluyendo los videojuegos).

El tópico de la influencia de la televisión y los contenidos violentos de sus programas sobre los comportamientos y las prácticas lúdicas de los niños y niñas, en cuanto momentos-espacios donde éstos expresan patrones de liderazgo y repiten con frecuencia determinados estereotipos agresivos, puede considerarse como un interesante punto de cruce interdisciplinario entre la Sociología, la Psicología Infantil, la Antropología y hasta la Ciencia Política, así como las Ciencias de la Comunicación.

Desde distintas Ciencias Sociales se asume que el consumo mediático induce numerosos problemas y efectos en los niños y adolescentes, entre los cuales se les relaciona con el déficit atencional, la hiperactividad, los comportamientos agresivos y violentos, el tabaquismo, el consumo de alcohol, la alimentación malsana, la obesidad, el sobrepeso y la baja autoestima, entre otros. (Brodeur, J.: Les impacts de la consommation médiatique sur les enfants et adolescents. Montreal, 2010. Soins Pédiatrie-Puériculture, Nº 253, mars/avril, 2010).

La preocupación sobre los niveles de violencia
interpersonal en las sociedades occidentales ha
llevado a centrarse en los efectos que las imágenes
violentas que aparecen en los medios de
comunicación: como la televisión, los vídeos o
más recientemente en imágenes generadas por
ordenador, pueden tener en los niños. La principal
preocupación radica en que una exposición
continuada de los niños a estas imágenes puede
volverles insensibles a la violencia y animarles a
imitar esos comportamientos violentos.

Surgirían así tres órdenes de problemas.

Un primer orden de problemáticas dicen relación con la articulación entre la infancia, el juego y la construcción social de la realidad.

Un segundo orden de problemáticas dice relación con la articulación existente entre consumo mediático de los niños, la adquisición o adopción de determinados modelos de conducta agresivos –modelos comunicacionales- y su repetición durante las prácticas lúdicas.

Un tercer orden de problemáticas se refieren a la construcción social de la personalidad de niños y niñas a través de sus prácticas lúdicas habituales de contenido violento y que implican a grupos de pares, donde el liderazgo y las relaciones interpersonales se realizan en un contexto en el que la violencia y la agresión es una práctica frecuente y cotidiana.

De este modo, se constituye un nudo problemático en el que interviene factores psicológicos, culturales y sociológicos y que, por su misma naturaleza, requieren ser abordados con un enfoque multidisciplinario e incluso interdisciplinario.

ALGUNAS PREGUNTAS DE INVESTIGACIÓN

Nos preguntamos:

¿Ejerce alguna influencia la televisión y los juegos video sobre las prácticas lúdicas de los niños y las niñas?

¿Qué programas de televisión ven con mayor frecuencia?

¿Qué juegos de video practican con mayor frecuencia?

¿Cuáles son los contenidos simbólicos y los modelos comportamentales que dichos programas y juegos transmiten y proponen y en qué medida esos modelos son repetidos por los niños y niñas en sus prácticas lúdicas espontáneas?

 

ELEMENTOS PARA UN ANÁLISIS TEÓRICO

Ciertamente la relación entre televisión, violencia y juegos infantiles (que ha sido estudiada extensamente por las Ciencias Sociales) no puede ser entendida como una mecánica de causa – efecto, sino que necesita ser analizada a partir de la compleja serie de interrelaciones e interdependencias que ocurren entre la familia y su entorno socio-cultural y territorial, la escuela y su propio contexto y ambiente, los medios de comunicación masivos, los estilos de juego o de prácticas lúdicas y los patrones de consumo mediático de niños y adultos. Es a partir de este juego complejo de factores, que necesitamos definir y redefinir “violencia” y “agresión”; además que necesitamos reconceptualizar la noción de “modelos comunicacionales”.

La agresión la define la psicología como “cualquier forma de comportamiento que tiene la intención de herir o lesionar a un ser vivo que a su vez, desea evitar dicho tratamiento”. (Shaffer, D.R.: Psicología del desarrollo. Infancia y Adolescencia. Mexico, 1999. International Thomson Edit, p. 509) y conforme a esta noción, los actos agresivos se categorizan en agresiones hostiles, agresiones instrumentales y agresiones relacionales, siendo la agresión hostil un acto agresivo en el que la meta principal es dañar o lesionar a la victima, mientras que la agresión instrumental, la meta principal sería conseguir el acceso a objetos, espacios, ventajas o privilegios. A su vez, la agresión relacional se manifestaría específicamente mediante actos de humillación, exclusión, retiro de la aceptación o despliegue de rumores y comentarios dirigidos a dañar la autoestima, la amistad o la posición social del otro.

Otro aspecto del problema que nos interesa es el de la influencia de los patrones de conducta proyectados por los medios de comunicación (en particular por ciertos programas de televisión y los videojuegos) sobre las prácticas lúdicas de los niños y las niñas. Aquí nos interrogamos por la relación existente entre consumo mediático de los niños y niñas, la adquisición de determinados patrones de conducta agresivos (o violentos) y su repetición en el transcurso del juego individual y/o grupal.

Surgen así lo que llamamos como “modelos comunicacionales” para referirnos a determinadoas “figuras, personajes, modas y estilos de comportamiento que son vehiculizados por los medios de comunicación -en este caso por la televisión y los videojuegos) y que se convierten en patrones de conducta que el “receptor” -en este caso, el niño o niña- repite como comportamientos legítimos, válidos y deseables.” No podemos olvidar sin embargo, que el proceso de repetición de estos modelos comunicacionales se produce en el juego, de manera que las prácticas lúdicas infantiles aparecen “contaminadas o impregnadas” por actos de violencia verbal y física cuando no francamente, el juego mismo deviene un ejercicio casi completamente agresivo y violento.

Algo así como “dime a qué juegas y yo te diré que programa de televisión o qué videojuego ves con más frecuencia”. Esto no implica mecánicamente que los niños y niñas repiten automáticamente los patrones de conducta ofrecidos por la TV o los videojuegos, pero hemos de asumir que en la medida que los personajes, figuras y estilos de comportamiento que los niños repiten durante sus juegos, son con creciente frecuencia, aquellos que se encuentran en determinados programas de televisión y videojuegos, quiere significar que estamos en presencia de determinados modos y mecanismos de influencia proveniente de los medios hacia las prácticas lúdicas infantiles.

Desde esta perspectiva, el juego infantil puede ser entendido también como una ritualización lúdica de la realidad bajo reglas y códigos específicos, que escenifica los patrones de comportamiento ofrecidos por los contenidos de determinados programas de televisión.

Operan además otras influencias sociales para determinar la agresividad infantil, tales como el juego entre padres e hijos, el rol proyectado por los juguetes (especialmente aquellos que operan como objetos simbólicos de destrucción) y que reciben niños y niñas, la influencia del grupo infantil de pares y sus códigos de acceso, entre otros factores.

HIPÓTESIS

Las prácticas lúdicas de niños y niñas en el ámbito escolar, como en otros espacios sociales, constituyen momentos-espacios donde se manifiestan determinados modelos de conducta que provienen de la influencia ejercida por los medios de comunicación masivos, en particular de la televisión y los videojuegos.

De los contenidos simbolicos que ofrecen las imágenes televisivas y los personajes de los videojuegos, los niños (as) copian modelos de conducta que se expresan a través de sus prácticas lúdicas. La imagen cumple así, entre otras, una función de representación icónica según la cual los atributos del personaje (virtual, televisivo) se imaginan transpuestos o transferidos lúdicamente al niño (a). El juego cumple así una función de escenificación (Goffman) del personaje virtual o televisivo representado por el niño.

El niño (a) en el contexto lúdico, representa imaginaria y físicamente el personaje y sus atributos, produciendo formas de juego que reproducen y representan las conductas violentas del personaje representado.

De este modo, los componentes violentos y agresivos que manifiestan el o los personajes representados en el videojuego o la serie televisiva, van a ser repetidos y representados por el niño (a) en el curso de sus prácticas lúdicas, en tanto en cuanto dichas conductas son percibidas por la mente infantil como deseables e interesantes.

Los programas de televisión donde se presentan conductas agresivas, pueden ser definidos como una forma de socialización entre los niños, principalmente se podría ver iniciado por el líder negativo que los niños intentan seguir a través del juego. Por lo tanto, las conductas violentas de imitación desde los programas televisivos, determinarían las posibilidades de socialización grupal de los niños, de modo que quienes no ven dichos programas se podrían ver excluidos del grupo de pares.

ALGUNAS REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Brodeur, J.: Les impacts de la consommation médiatique sur les enfants et adolescents. Montreal, 2010. Soins Pédiatrie-Puériculture, Nº 253, mars/avril, 2010.

Michel, G.: Lers jeux dangereux et violents chez l’enfant et l’adolescent: l’example des jeux d’agression et de non-oxygenation. Journal de Pédiatrie et Puericulture 19 (2006), pp. 304-312. (www.sciencedirect.com)

Shaffer, D.R.: Psicología del desarrollo. Infancia y Adolescencia. Mexico, 1999. International Thomson Edit.

Violence chez les enfants: jeu dangereux et violence gratuite. (www.comlive.net)

Manuel Luis Rodríguez U.

Nuestra modernidad periférica

ESQUEMA DE CLASES

El presente Esquema de Clases, traduce en síntesis los principales conceptos y categorías de análisis desde las Ciencias Sociales contemporáneas, para comprender el fenómeno de la modernidad, con énfasis especial en la problemática general de la transición a la modernidad en las sociedades latinoamericanas.

Este Esquema es material de estudio básico que no sustituye los contenidos impartidos en el aula.

I.-  INTRODUCCION CONCEPTUAL: LA MODERNIDAD COMO TENDENCIA PROFUNDA.

En el inicio de los procesos de cambios que experimentan la sociedad latinoamericana y la sociedad chilena a lo largo del siglo xx, está la llamada transición a la modernidad, una tendencia profunda de la evolución contemporánea.

Específicamente, la modernidad opera en la sociedad latinoamericana como una tendencia profunda que se instala desde mediados del siglo xx y que conduce hacia una forma específica de modernidad latinoamericana.

La modernidad se define como el reino del individuo y de la razón.

Alain Finkielkraut afirma que:  “La modernidad surge en la época renacentista con el afán de convertir la razón humana en el sujeto soberano del universo, sometiendo a su dominio tanto las leyes de la naturaleza, como el curso de la Historia. Ante todo, la matemática y el inexorable progreso técnico hicieron creíble la promesa de un paulatino control humano del cosmos: la prevención absoluta de cualquier catástrofe, la erradicación gradual e inexorable de toda enfermedad.”

“Pero el transcurso del tiempo ha mostrado que esta presunción hiperbólica se revuelve contra el propio ser humano. El desarrollo apoteósico y unilateral de la tecnología desembocó en la tormenta de acero de la Primera Guerra Mundial, y desde ese instante aquel instrumento de propósitos benéficos no dejó de manifestar su capacidad mortífera, hasta amenazar letalmente a todo el planeta, dada la falta de conciencia de su desmesura y su negativa a establecer unos límites.”

“Similares consecuencias desencadenó el propósito de un control racional de la Historia. En el mismo comienzo del siglo XX, la revolución soviética demostró que el afán de crear sociedades racionalmente perfectas presuponía la anulación del individuo, su manipulación como una simple pieza de recambio y llegado el caso su ejecución. Los redentores sociales desplegaron desde entonces un amplio abanico de resortes terroríficos para conseguir sus fines, entre los que figuran el Holocausto, las deportaciones, los exterminios, los genocidios y toda clase de crímenes contra la humanidad. Las promesas de felicidad racional se han vuelto irracionalmente peligrosas y destructivas: esta es la ironía de la razón.” (Finkielkraut, A.: Nosotros los modernos. Madrid, 2006.  Editorial Encuentro. www.ojosdepapel.com)

La modernidad puede ser definida y entendida como un modo de producción y reproducción de la sociedad basada en la dimensión política e institucional de sus mecanismos de regulación por oposición a la cultura tradicional,  en la que el modo de reproducción del conjunto y el sentido de las acciones que se cumplen es regulado por dimensiones culturales y simbólicas particulares. La modernidad es un cambio ontológico del modo de regulación de los procesos de repproducción social, basados en una transformación radical del sentido temporal de la legitimidad y de la función social.  En la modernidad el porvenir reemplaza al pasado y racionaliza el juicio de la acción asociada a los hombres. La modernidad es la posibilidad política reflexiva de cambiar las reglas del juego de la vida social. La modernidad es también el conjunto de las condiciones históricas materiales que permiten pensar la emancipación conjunta de las tradiciones, las doctrinas o las ideologías heredadas, y no problematizadas por una cultura tradicional.

Pero América Latina llega tarde a esta modernidad.

En términos sociales e históricos, no se llega a la modernidad con el fin de la Edad Moderna en el siglo XV por lo menos en América Latina, sino tras el cambio de la sociedad rural y tradicional, en una sociedad urbana y moderna; que se produce con la Revolución Francesa y Americana , con la Revolución industrial y el triunfo del modo de producción capitalista.

HIPÓTESIS DE BASE

En el caso específico de la sociedad chilena partimos desde el concepto que la modernidad es una tendencia profunda que se instala en la evolución social, económica, política y cultural a partir de la década de los años 1940/1950 aproximadamente y que se prolonga a lo largo del siglo xx y xxi.  Tres son los procesos de sociedad que forman parte de esta transición a la modernidad: el cambio de la composición de la población o transición demográfica; el cambio cultural y los procesos de urbanización.

La característica central del proceso de modernización que viven las sociedades latinoamericanas desde mediados del siglo xx es su rasgo periférico y dependiente, es decir, que implica grados diversos de dependencia material y simbólica respecto de la modernidad anglosajona y europea, o sea, propia de los países del centro capitalista mundial.

Hay modernidad en las sociedades latinoamericanas, en la medida en que se transmite desde los centros de poder mundial, desde la modernidad capitalista, patrones de conducta, estilos de vida, simbolos y conceptos, tecnologías y recursos materiales y que nuestras naciones copian, repiten, asimilan y adaptan a las condiciones culturales y socio-políticas propias.

Pero esta modernidad tardía y dependiente adquiere la forma del subdesarrollo: las sociedades latinoamericanas, ya en los inicios del siglo xxi siguen siendo sociedades y culturales subdesarrolladas y dependientes.

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Manuel Luis Rodríguez U.

MINUTA DE CLASES PARA LAS ASIGNATURAS DE FUNDAMENTOS SOCIOCULTURALES Y SALUD INTERCULTURAL